El escenario y las tarimas ya están preparados. La marcha del Consejo Indígena del Sur (Conisur) será recibida por el oficialismo, para apoyar el proyecto del oficialismo y demostrar el poder del oficialismo.
Contrariamente, los dirigentes de Conisur han negado más de tres veces cualquier relación con el mandamás y el régimen, pero la opinión pública no es tonta y antes que cante el gallo ya advirtió el nexo entre esta movilización y los intereses político partidarios del Movimiento Al Socialismo (MAS).
La demanda de la carretera de Conisur establece abrogar la Ley Corta porque “Bolivia no es África para tener selvas” (como dicen sus pancartas), además de exigir salud y educación para sus hijos e hijas.
Nótese que la primera función del Estado es dar prioridad a salud y educación, en esta y las anteriores constituciones. Entonces, es deber del régimen y sus autoridades, brindar las mínimas condiciones para dar salud y educación en las comunidades. La construcción de la carretera cae como un simple capricho de intereses si convenimos en que el asfaltado no solucionará la falta de médicos y profesores.
Proyectos de vivienda, infraestructura, equipamiento y logística deberían ser la consigna y exigencia de los pueblos originarios dentro y alrededor del TIPNIS, porque si pudieron llevar maquinaria hasta las puertas de la reserva natural boliviana, por qué no pensar en cargar ladrillos a los lugares donde realmente son necesarios, sin devastar con asfalto 60 o más kilómetros de territorio ni talando árboles.
Los marchistas del Conisur llegarán a la Sede de Gobierno este lunes y sectores oficialistas ya han anunciado que recibirán y acompañarán a esta movilización para demostrar la “fuerza” y representación “genuina” del pueblo boliviano, en contraste a la marcha del TIPNIS que sólo fue recibida por “la derecha”, la “clase media” y “algunos medios de comunicación”, según argumentará el equipo de propaganda gubernamental.
No es novedad este proceder si tomamos el antecedente del gran cabildo por la “descolonización”, cuando cinco días antes de la llegada de la marcha del TIPNIS, en octubre, el régimen convocó y movilizó a campesinos del altiplano, cocaleros del Chapare y las organizaciones afines como la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Federación de Mujeres Campesinas de Bolivia Bartolina Sisa y la confederación de pueblos interculturales o colonizadores.
Hoy, estas entidades mediante sus dirigentes Julia Ramos y Gustavo Aliaga, además de grupos dirigenciales de El Alto, se preparan para acompañar a los marchistas del Conisur y así demostrar que son más, que tienen mayor representatividad, que son plurales y por ende sus peticiones son primordiales frente a las presiones de los indígenas de Tierras Bajas y la mismísima Ley Corta o cualquier jurisprudencia.
Esta actitud orgánica y sindical del régimen no toma en cuenta la reacción que tendrá la opinión pública y los indígenas del TIPNIS, aquellos que marcharon entre agosto y octubre del año pasado. El régimen juega con los movimientos sociales y arriesga conflictividad y enfrentamientos sólo para salvar la imagen del mandamás, que como dijo el segundo mandatario “es la personificación del proceso de cambio”.
Como buen estratega y matemático, el segundo mandatario ya anunció que volverán a tener control de la Cidob, “rearticulando alianzas” con las bases. Si sumamos fases, la llegada de la marcha, más la Cidob paralela, más la desacreditación a los dirigentes Adolfo Chávez, Fernando Vargas y Pedro Nuny, tenemos como resultado la modificación (vía Legislativo) de la Ley 180 y la consecuente construcción de la carretera Villa Tunari – núcleo del TIPNIS – San Ignacio de Moxos.
El régimen arriesga mucho para que la carretera vaya “quieran o no quieran”, pero no calculan (al menos no lo creen) sobre las consecuencias o el costo histórico que tendrán sus impulsos.
Por ello, y parafraseando a Morales y García Linera, la reflexión es simple: Mandatarios, reaccionen y dejen de ver a Bolivia como cifras, fichas y esquemas sin alma; son ciudadanos bolivianos a quienes pretenden confrontar. La unidad monolítica de la Patria es superior a cuidar un proyecto de poder de un partido y una cúpula que es ínfima y pasajera. Salven su responsabilidad.






