jueves, 3 de abril de 2014

Yo, Periodista

Biografía agradecida...

Hace 10 años veía con entusiasmo toda la publicidad por la celebración del centenario de EL DIARIO en el Teatro al Aire Libre. El show parecía fenomenal y había que seguirlo, no adentro sino en casa de mi amada viendo algún canal que transmitía el festival. Llegaba Ana Bárbara, que estaba en auge y los celos (platónicos, graciosos) eran "evidentes".
La Guía era el suplemento estrella y los domingos debíamos disputarnos la primicia con la “cuñada”. El evento fue un éxito y los 100 años fueron bien celebrados, decía “El Serrucho”.
Como estudiante y alocado por lo audiovisual (como todo jovenzuelo) la prensa, el periodismo y el periódico eran lo último en lo que podía pensar. “¡Qué me voy a tostar en la plaza (Murillo) todos los días!”…
El trabajo eventual me vio a una cuadra del “Decano” y para ir a comprar clips y posticks al Full Ofice de la Loayza debía pasar por su edificio.
Veía a esa empresa informativa como un monstruo, inalcanzable y gigante. "Algún día estaré ahí”, comencé a pensar.
Pasaron los años, el amor se fue, se disolvió como el trabajo eventual y con giros y necesidades de la vida llegué a asumir mi Vocación.
Poco a poco el periodismo se convirtió en aire, el reconocimiento en el entorno y el barrio alimentaba el ego, pero no había “pega”.
Al final, me vi entrando al monstruo para hacerle una gauchada a una amiga de mi mejor amiga de vida. Luego vino la oportunidad y como buen trabajador decidí tomar el puesto, hacer doble y hasta triple turno en mis actividades (administrativo, DJ y corrector)… la energía no acababa, ¡se podía hacer tres cosas a la vez y “santificar el viernes” sin pestañar!
La dedicación y (nuevamente) la oportunidad me llevó lejos, estaba en la cabeza (en el torso, en realidad) del gigante, estaba dentro… ¡era periodista!
Hoy, Ana Bárbara vuelve para “telonear” a Marco Antonio Soliz y las entradas se venden como pan caliente en el “Decano” que simultáneamente cumple 110 años. No puedo evitar la asociación de recuerdos y ver que toda una cadena se ha ligado.
Ahora veo cómo se elabora La Guía, recuerdo cuando ayudé y fui parte del staff ¿Será que la “cuñada” me reconoció? pregunto con natural nostalgia.
El cargo, a veces rimbombante, de Editor de Política sólo es un añadido a las decenas de artículos de opinión, suplementos especiales y miles de notas redactadas día a día durante cinco años sin pausa.
Pasaron los años y crecí. Como muchos, aprendí en la “escuela de los periodistas”, sentado donde se sentó Franz Tamayo, donde comenzó Ana María Romero. Escuché tantas anécdotas privadas (como el financiamiento del centenario), tantas historias de satisfacción profesional y drama laboral. Vi pasar a demasiada gente, jóvenes profesionales, uno que otro viejo mañoso, chicas hermosas y capísimas, mi grata compañera, “pupilos” que aprendieron junto a mi escritorio… todo un universo de seres y vidas.
Por todos ellos el ego se convirtió en orgullo, orgullo sano de haber asumido el periodismo como forma de vida. Pasó el tiempo y es hora de dejar la “escuela” para ir a la “universidad”, como dice el cliché: “la universidad de la vida”. Ganar un espacio propio, con los riesgos que implica, pero con la fe ciega en que TODO SE PUEDE.
Gracias, Decano de la Prensa Nacional por cinco años de cobijo, por abrir las puertas a este anónimo que se puso a la espalda doble y triple función, con gusto y el mayor profesionalismo posible.
Es tiempo de quemar biografías, es tiempo de crecer, es tiempo de “escribir la historia de Bolivia” en nuevas páginas.