miércoles, 9 de mayo de 2012

Fecha efímera, régimen pasajero


El 29 de abril pasó sin pena ni gloria en el Estado plurinacional, constatando que toda la maquinaria de propaganda política emprendida por el régimen tiene carácter efímero y apunta a un gatopardismo asfixiante e intolerable.
El denominado “día de la reivindicación marítima” fue un globo de ensayo, costoso y lleno de parafernalia lanzado hace un año como una impostura del régimen para tratar de minimizar o crear un paralelo al Día del Mar e implantar en el país otra figura, otra fecha, otro dato inventado y sin sustento histórico, todo con el fin de imponer línea política a las nuevas generaciones.
La población, empero, un año después, no dio mayor relevancia a esta fecha y desarrolló sus actividades con total normalidad. Sin embargo, no contentos con el resultado, las autoridades sacaron un feriado de la manga, en vísperas del Día del Trabajador con el objetivo de desactivar o por lo menos debilitar las crecientes movilizaciones sociales en un intento que tampoco resultó.
A partir de ese ejemplo se puede afirmar que los cambios que sufrió el país en estos seis años de administración sólo denotan un ensayo partidario de modificar las estructuras simbólicas de Bolivia sin medir impactos ni sensibilidades. Así, el régimen cambió la República por el Estado plurinacional; la Corte Nacional Electoral por Tribunal Supremo Electoral; el Congreso Nacional por Asamblea Legislativa; los poderes del Estado por órganos del Estado, entre otros ejemplos que más allá de la novedosa nomenclatura no llevan a la superación cualitativa de estos estamentos.
Así, las elecciones democráticas siguen siendo administradas por un ente centralizado; los honorables legisladores mantienen las funciones elaborando y aprobando leyes; el Ejecutivo aún administra y define las políticas públicas, etc. Es decir, cambiar todo para que nada cambie.
Cantar el himno o juramentar con el  puño izquierdo en alto; fusionar la sagrada Tricolor con la whipala o declarar como fecha “patria” el 22 de enero ya son excesos, que afectan la sensibilidad de un país que ha elegido la unidad en la diversidad antes que la fragmentación social o la macabra dialéctica de enfrentar a quienes están a favor y los que están en contra del bautizado “proceso de cambio”.
Con las características caudillistas del actual régimen y el agregado del desgaste acelerado que se evidencia cada día más allá de la asfixiante propaganda gubernamental, queda para el ciudadano el augurio confirmado que Bolivia retomará la cordura y dejará atrás esta era política de transición que representó para la extrema izquierda una pasantía en el ejercicio del poder.
Sin duda alguna, todo este aparato político – ideológico será desmontado, tal como sucedió con la ex Unión Soviética, en corto plazo a partir de la salida de quienes hoy ostentan el poder hegemónico en el país, dejando en los archivos de las bibliotecas símbolos risibles como el 29 de abril u otros mayores como el 22 de enero, un símbolo individual, particular y partidario de un proyecto que ha comenzado a desmoronarse.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Qué pasó ahora



Qué pasó? es el título de la obra de Carlos Valverde, referida a la violencia política ejercida por el régimen contra la oposición y los daños colaterales evidenciados. Vendría bien anexar esta foto que grafica el resultado de seis años de desgaste político y que podría ser otro capítulo en la historia nacional.
Es claro que la sociedad boliviana se ha hastiado de ver politiquería y abuso de poder en estos años que han dejado de lado la atención a las demandas sociales, que habrá que reconocer a veces son imposturas y caprichos corporativos.
Valverde retrata a la perfección la esperanza que surgió en algunos sectores mayoritarios tras la elección de diciembre de 2005,  ante la figura de un personaje que (transformado) se convirtió en emblema, ícono y símbolo nacional. No es exagerar decirlo, pues basta teclear su nombre y la red brinda amplia información sobre un solo sujeto.
El proyecto político tiene dos brazos fuertes como el área social y la inclusión, a no dudarlo, pero carece de respuestas inmediatas a la conflictividad social. Emulando a un torpedo acuático, el régimen cree que puede avanzar destrozando todo a su paso incluidos icebergs, tiburones y acorazados. Empero, no contó con la base social del país que no se asienta en los movimientos sociales como venden los ideólogos de la izquierda mixta, sino en Salud y Educación, que igual que todos tuvo esperanza en este proyecto político.
Hoy, ambos sectores golpean el rostro del régimen y pese a la propaganda y el discurso, la decadencia también ha llegado al mandamás y su séquito. Una pena para los bolivianos que deben reiterar cada día aquellas jornadas tensas del pasado con el temor de desencadenar una ola de violencia ante el inminente avance de la marcha indígena, otrora fuerza espiritual del instrumento político que también abandonó el proyecto totalitario.
“Qué pasó ahora”, es entonces, el preludio de tiempos cercanos, agoreros y encendidos tal como muestra la imagen. Tiempos que nadie desea.