MI CASSETTE DEL DARK SIDE
Cuando compré el cassette de The Dark
Side of the Moon de la desaparecida disquera Heriba, jamás imaginé que esos 43
minutos serían definitivos para entender la música desde otro concepto, desde
otra perspectiva que iba más allá de los grandes éxitos por los que aposté al
comenzar a escuchar y conocer el género Rock.
Al principio me costó entender que una
“canción” pudiera tener menos de dos minutos de duración y se “limite” a una
serie de acordes y sonidos casi sin sentido. Los latidos del corazón y el
título Speak to me, se cruzan
y abren el disco dándome la respuesta y ese anhelado sentido.
No lo sabía entonces, pero al entrar en Breathe y sentir la voz de
Gilmour alentando “Breathe, breathe in the air…” el espíritu de Pink Floyd llena
definitivamente la atmósfera. La melodía no sólo envuelve sino que invita a
nacer, a esperar más de la vida.
Los sintetizadores, los sonidos casi
subliminales y ese tic tac, tic tac que lleva el compás de un viaje infinito se
presenta con On the Run,
llegando al clímax con ese estallido ejemplificado luego por la banda en sus
conciertos con una cama de hospital que se estrella cual avión en picada.
El estruendo de la explosión se va
perdiendo en el horizonte y de repente el tic tac de los relojes se amplifica
hasta dejar aturdido al cerebro. Qué mejor si se utilizan audífonos para asimilar
cada campanada que fue capturada por el entonces ingeniero de sonido Alan
Parsons, en un proceso de sincronización artesanal de relojes para lograr el efecto
cuadrafónico que hoy se obtendría con un simple doble clik al programa de
sonido de moda.
Es el inicio de Time, una de las obras cumbre del disco y que cuenta con un
brillante solo de guitarra mientras la letra habla de lo corta que resulta la
existencia. “Shorter of breathe and one day closer to death”…
Las preocupaciones existencialistas de Pink
Floyd recurren al caos moderno del Tiempo – Dinero. Así, Waters fue concibiendo
el concepto del álbum a partir de esos elementos básicos, indispensables,
vitales, prácticamente existenciales.
Al alejarse Time surge el dominante
teclado de Wright y la más famosa de las improvisaciones vocales femeninas con
una inspirada Clare Torry en The
Great Gig in the Sky. Los gritos, alaridos y gemidos de vida y muerte van
subiendo de tono en igual medida que el piano de Wright y la batería de Mason,
como si se tratara de una pelea sónica que no pierde el acorde y la influencia
jazz del virtuoso tecladista.
La calma retorna por un momento y dentro
de todo este lamento se puede oír una voz en tercer plano susurrando “if you
can hear this whisper you are dying”. Luego los alaridos van disolviéndose.
Es momento de respirar 20 segundos, dar
la vuelta el cassette y dejar que el lado B continúe.
Con los sonidos de una caja registradora
y las monedas cayendo, Money
se hace presente e invita a ser irónico, a reflexionar sobre la inmundicia del
consumismo capitalista y a la par añora un aumento de sueldo. “New car, caviar,
four star day dream, think I’ ll buy me a football team”, ironiza la letra
de Waters, quien repetiría esta frase en
el film The Wall (1980) durante la escena en la que el maestro conductista reprocha
y humilla al pequeño Pinky por “creerse un poeta”.
El puente blues – rock – blues con las
soberbias ejecuciones de la guitarra de Gilmour y el saxo de Dick Perry hacen
de ésta la canción más reconocida de la obra y el sencillo mejor vendido de Pink
Floyd después de Another Brick in the Wall.
Un tema añejo y a la vez lento (aunque jamás
referido a pasiones o relaciones sentimentales de pareja) se abre camino poco a
poco entre el teclado y la batería pausada. Us and Them, que originalmente debió ser parte del film
Zabriskie Point de 1970 bajo el título The violent secuence, plantea los
contrastes de la vida.
Es imposible no sentir nostalgia
mientras “black and blue” o “up and down” resuenan con el sutil eco de las
voces de Gilmour y Wright; la canción sube de tono en algún momento, para
volver a una suave balada y un sensual saxo que estallan para retomar los
contrastes oscuros de "down and out”, “with, without”…
De esta calma uno salta a otra
dimensión, es otro universo. El arsenal tecnológico irrumpe y con o sin
necesidad de algún alucinógeno la banda invita a ver todos los colores. Any Color you Like es otra pieza
instrumental llena de la psicodelia de la época y la última muestra de una
banda antes etiquetada como “psicodélica” y “espacial”, según la “onda” de
aquellos años.
Casi “enganchada” jugando entre un
acorde y otro, Brain Damage
llega para utilizar otro recurso muy frecuente en toda la obra de Pink Floyd,
la locura. Como cada homenaje compositivo, esta también es inspirada en el
genio de Syd Barret: “I’ll se you on The Dark Side of the Moon”.
La coyuntura política impregnó en el
tema una ácida crítica social en las imágenes de los conciertos, reiterados
también en 1988 y 1995. La pieza amplificada por loops, sintetizadores y otras
armas, debió llamarse The lunatic song en principio.
Eclipse cierra la obra, retomando la euforia de la banda con sus instrumentos afinados
al unísono y una letra que se simplifica en “All that you: touch, see, taste,
feel, love, hate, distrust, save, give, deal, buy, create, destroy, do, say,
eat, meet, slight, fight, now, gone, come…” rematando con: “and everything
under the sun is in tune, but the sun is eclipsed by the moon”.
El cierre es fenomenal, pues como cada
letra y nota presentada, The Dark Side of the Moon queda como una obra de arte,
donde cada quien debe asumir su significado, si lo hay.
El protagonista no es un músico sino
Jerry Driscoll, el portero del mítico estudio de grabación Abbey Road quien
dice “There is no dark side of the moon really, as a matter of fact it’s all
dark” y los latidos de Breathe que abrieron el disco vuelven para cerrar toda
la obra maestra.
Acá se debe apretar stop, asimilar la
música, asimilar el sentimiento. En mi caso no me quedó otra que aplaudir en mi
soledad, sentir un lleno acogedor en el alma contadas veces sentido, declararme
devoto del grupo y esperar compartir esa experiencia.