La
agenda mediática muchas veces tiende a marcar la agenda social y política en
una suerte de reciprocidad que influye en la opinión pública. Esta condición,
adscrita a los medios masivos de comunicación, se refleja además en el diario
vivir con las charlas de barrio, las tertulias de café e incluso los acalorados
debates entre copa y copa.
Sin
embargo, la labor informativa (no función) de los medios de comunicación se
trastoca a tal grado que gracias a algún “iluminado” o coloquial líder de
opinión sino reportero de fuentes, las palabras cobran vida y se insertan en la
conciencia y vocabulario popular sin tener necesariamente la razón.
Es
así que, por ejemplo en la jerga política, se han introducido nombres como Roy
Moroni, diputado tarijeño por la oposición, o Galo Bonifaz, el mediático
legislador de Pando y vocero oficialista de uno y mil temas.
Para
asombro del lector, habrá que aclarar que Moroni es el nombre y no el apellido
del tarijeño y Bonifaz es el segundo apellido del masista. La correcta
redacción de los informativos debiera citar: Roy Moroni Cornejo o simplemente
Roy Cornejo; mientras que para el oficialista aplica Galo Silvestre Bonifaz o
sólo Galo Silvestre, que es su primer apellido.
No
es cuestión de suspicacias, es aplicar la corrección en las salas de redacción
y prensa.
Otros
casos son variables por errores de transcripción o la excusa de que “los nombres
no tienen reglas”. Así, Javier Zavaleta es correcto y no Zabaleta. Pedro Nuny
es correcto y no Nuni. Tampoco es Juan Ramón de la Quintana, pues su apellido
no resulta compuesto es sencillamente Quintana, como tampoco Álvaro García
Linera es tal, sólo García.
En
caso de aplicar esa composición, asentada por el propio intelectual como marca registrada,
se tendría que hacer lo mismo para el jefe de Estado, Evo Morales Ayma o con
mayor propiedad, Juan Evo Morales Ayma.
Entre
los compuestos sí se cita Samuel Doria Medina y no Samuel Doria. Son simples
reglas que denotan respeto a la persona y sobre todo conocimiento del ámbito político.
Cuando
algunas voces salen desde los propios políticos, la gente acostumbra su léxico
a esas palabras, aunque sean incorrectas. Por ejemplo, cuando el Vicepresidente
del Estado dijo “acá no hay libre pensantes” la gente y los medios lo asumieron
como una palabra compuesta inexistente (librepensante) pero sobre todo
inapropiada, pues sería mejor llamarlos libre pensadores.
Tampoco
es correcto decir socialización de las leyes, pues denota una carga ideológica
que hace a los regímenes socialistas o comunistas, siendo apropiado
sociabilización que es el criterio de dar a conocer o consensuar un aspecto de
la realidad.
Con
todo, queda en manos de las mesas de redacción y de prensa de los medios
informativos, la reflexión para no degenerar el idioma y sentar un estilo
adecuado para instruir y educar a la sociedad con la mayor propiedad y
pulcritud posible.

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