sábado, 5 de octubre de 2013

Desinformación coloquial mediática



La agenda mediática muchas veces tiende a marcar la agenda social y política en una suerte de reciprocidad que influye en la opinión pública. Esta condición, adscrita a los medios masivos de comunicación, se refleja además en el diario vivir con las charlas de barrio, las tertulias de café e incluso los acalorados debates entre copa y copa.
Sin embargo, la labor informativa (no función) de los medios de comunicación se trastoca a tal grado que gracias a algún “iluminado” o coloquial líder de opinión sino reportero de fuentes, las palabras cobran vida y se insertan en la conciencia y vocabulario popular sin tener necesariamente la razón.
Es así que, por ejemplo en la jerga política, se han introducido nombres como Roy Moroni, diputado tarijeño por la oposición, o Galo Bonifaz, el mediático legislador de Pando y vocero oficialista de uno y mil temas.
Para asombro del lector, habrá que aclarar que Moroni es el nombre y no el apellido del tarijeño y Bonifaz es el segundo apellido del masista. La correcta redacción de los informativos debiera citar: Roy Moroni Cornejo o simplemente Roy Cornejo; mientras que para el oficialista aplica Galo Silvestre Bonifaz o sólo Galo Silvestre, que es su primer apellido.
No es cuestión de suspicacias, es aplicar la corrección en las salas de redacción y prensa.
Otros casos son variables por errores de transcripción o la excusa de que “los nombres no tienen reglas”. Así, Javier Zavaleta es correcto y no Zabaleta. Pedro Nuny es correcto y no Nuni. Tampoco es Juan Ramón de la Quintana, pues su apellido no resulta compuesto es sencillamente Quintana, como tampoco Álvaro García Linera es tal, sólo García.
En caso de aplicar esa composición, asentada por el propio intelectual como marca registrada, se tendría que hacer lo mismo para el jefe de Estado, Evo Morales Ayma o con mayor propiedad, Juan Evo Morales Ayma.
Entre los compuestos sí se cita Samuel Doria Medina y no Samuel Doria. Son simples reglas que denotan respeto a la persona y sobre todo conocimiento del ámbito político.
Cuando algunas voces salen desde los propios políticos, la gente acostumbra su léxico a esas palabras, aunque sean incorrectas. Por ejemplo, cuando el Vicepresidente del Estado dijo “acá no hay libre pensantes” la gente y los medios lo asumieron como una palabra compuesta inexistente (librepensante) pero sobre todo inapropiada, pues sería mejor llamarlos libre pensadores.
Tampoco es correcto decir socialización de las leyes, pues denota una carga ideológica que hace a los regímenes socialistas o comunistas, siendo apropiado sociabilización que es el criterio de dar a conocer o consensuar un aspecto de la realidad.
Con todo, queda en manos de las mesas de redacción y de prensa de los medios informativos, la reflexión para no degenerar el idioma y sentar un estilo adecuado para instruir y educar a la sociedad con la mayor propiedad y pulcritud posible.

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