Un capitulo recordado con
frecuencia por Evo Morales es su expulsión del Congreso Nacional de la
República en 2002. Paradójicamente, ese hecho lo encumbró como jefe opositor,
al generar empatía con la población que siempre se solidariza con la víctima.
Pese a las graves acusaciones,
por la muerte de tres personas en el trópico de Cochabamba, como el teniente
Andrade y su esposa embarazada, Morales salió ileso de toda culpa. Tras dejar
el curul, presentó un amparo constitucional en Sucre y fue representado por
Héctor Arce, entonces un joven abogado que esperaba al “jefazo” detrás de la
puerta.
Morales siempre califica a ese
congreso como “lacayo del imperialismo” y alude indirecta o directamente a
Jorge Quiroga Ramírez. Contrariamente, en una suerte de “odio selectivo” como
citó el propio expresidente, el dirigente cocalero nunca habla mal de Roberto
Fernández, exdiputado que votó a favor de su expulsión en 2002 y que luego fue
alcalde cruceño por filas masistas.
El reciente capítulo de guerra
política entre Morales Y Quiroga se dio cuando el líder del trópico
cochabambino fustigó a sus afiliados de Bulo Bulo porque decidieron libre y democráticamente
votar por su enemigo político. Su resentimiento fue más allá cuando acusó a
Tuto de intentar matarlo y responsabilizarlo de la muerte del dirigente
cocalero Casimiro Huanca.
La respuesta fue durísima y
clara. Quiroga llamó al reelecto mandatario “cobarde mentiroso”, porque sólo
trata de victimizarse y tapar el fraude que cocina el ente electoral para que
el MAS llegue al 64 por ciento de votos.
Tuto le recordó a Morales que
es presidente de los productores de coca que cosechan 90 por ciento de la hoja
que no va a mercados legales, o en cristiano, al narcotráfico.
Ambas figuras están enmarcadas
en los libros de historia luciendo la banda presidencial. Uno con más páginas
que el otro, pero ambos tuvieron el mando del país.
Las mutuas acusaciones no
pueden quedar en la nada. La misma historia dirá si Quiroga fue “lacayo del imperialismo”
o Morales fue “cobarde y mentiroso”. Mientras, el poder coyuntural prepara su
arremetida contra la oposición a la par que el jefazo llama ante las cámaras “a
dejar la confrontación y trabajar juntos por Bolivia”.
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