El Tribunal Supremo Electoral terminó de definir las características de la papeleta electoral que será utilizada en los comicios judiciales de octubre. Más allá del tamaño de la papeleta, queda la anécdota de la numeración de los postulantes, que a decir de las autoridades electorales responde a cuestiones técnicas y operativas.
En este sentido, cada uno de los ciudadanos bolivianos deberá votar el 16 de octubre por cuatro opciones, eligiendo a las nuevas autoridades para el Tribunal Supremo Electoral, Tribunal Constitucional, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura. Son cuatro franjas en la inmensa papeleta diferenciadas por colores y números para mejor entendimiento de la población.
Una figura similar, pero en tamaño escala, se da con los cartones de bingo con los que jugábamos de niños, cuando marcábamos un número y un color de acuerdo a los anuncios del “cantor” del juego. “22 amarillo, par de patitos”, decía, y al completar una franja o llenar el cartón uno gritaba con el entusiasmo de haber vencido: ¡bingo!
En este caso, dadas las restricciones establecidas por el Tribunal Electoral para el trabajo de los medios de comunicación para que informen a la gente sobre quiénes son los candidatos judiciales, conocer la visión de justicia que tiene un abogado y una abogada, saber si están comprometidos con la democracia u otros temas de importancia para el país, la ciudadanía llegará a las urnas simplemente conociendo el nombre, apellido, título académico, foto y el tono de voz de los hombres y mujeres que postulan a un cargo público.
El tema de la numeración llega a ser más que una casualidad, cuando algunos analistas y políticos contrarios al régimen aseguran que esto implica el voto consigna, porque “es más fácil recordar números que nombres”. Si sumamos esto a la diferenciación por colores para cada franja electoral, tendremos que asumir que el oficialismo y sus operadores políticos apuntan a esta estrategia de memorización mediante un trabajo de campo hormiga.
Un antecedente sobre estas estrategias con el uso de listas predeterminadas se dio en la Asamblea Legislativa, donde la bancada del MAS distribuyó listas con números que cada diputado y senador debía copiar en las papeletas de designación de candidaturas. Este hecho fue comprobado por los medios de comunicación que siempre se encuentran en los palcos del hemiciclo legislativo. Incluso un reportaje de la red Erbol difundió “confesiones” de diputados oficialistas que admitían estos hechos, señalando además que una cúpula de tres o cuatro personajes son quienes definen las acciones que se toman dentro de la Asamblea plurinacional.
En octubre las bases del MAS podrían aplicar similar estrategia, memorizando o llevando su “chanchullo” a los recintos electorales para votar por determinados candidatos que garanticen al Gobierno la denunciada “toma del poder total” en una siguiente fase de la consolidación del proceso de cambio anunciada por el propio vicepresidente del Estado.
Memorizar colores y números, entonces, resulta más fácil, que recordar a los candidatos en sí. Por tanto, conocerlos a profundidad resulta innecesario a estas alturas del proceso democrático previo.
27 verde, 48 naranja, 99 lila y 116 café o a interpretar: el candidato 27 de la franja Tribunal Constitucional; el postulante 48 para el Tribunal Agroambiental; el abogado 99 de la lista del Consejo de la Magistratura; y el 116 del Tribunal Supremo de Justicia, será la consigna para sufragar, claro está con la correspondiente equidad de género y representatividad indígena.
Una vez completada la papeleta, el oficialismo podrá decir ¡bingo! En lo personal, espero que mi cartón blanco logre “llenarse” antes, para poder gritar con el entusiasmo de haber vencido: ¡democracia!

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