El liderazgo es una responsabilidad enorme y más aún en un país como Bolivia, donde los líderes son escasos y los caudillos han marcado la historia nacional.
El líder espiritual de los pueblos originarios, el vencedor de seis elecciones democráticas, el paladín de la defensa de la Madre Tierra, el mesías aymara… El último caudillo, está en la Presidencia y quiere quedarse allí “cueste lo que cueste” y parece que su humildad quedó en un cuento de Charles Dickens (ambientado en Orinoca) y hoy su egocentrismo y angurria de poder es más y MAS grande que nunca.
A decir verdad, su belicosidad se debe a las manifestaciones desbordadas y latentes que amenazan a su régimen semidemocrático. Pero esto no es motivo para pisotear los derechos ciudadanos y "meterle nomás".
Morales Ayma actuó como los mejores dictadores y eso debe ser conocido por las futuras generaciones, porque intervenir una marcha pacífica, que sí, estaba emputada por no poder avanzar y sentir las tempestades del clima y el hambre, reaccionaron contra los policiías asentados en frente. Flechas contra toletes y gases lacrimógenos. Mujeres corriendo con sus bebés en brazos y detenidos amordazados con cinta masquín (como robo a supermercado yankie) caracterizaron el domingo 25 de septiembre. Domingo, un día particular que resulta provechoso para que las autoridades de este régimen accionen políticas impopulares con el más grande “me vale” para con la sociedad (recuerdan el gasolinazo después de Navidad).
Es por ello, que el mandatario se ha convertido en mandamás o literalmente el “manda MAS”. No le importa el conflicto y sólo impondrá su convenio por el "desarrollo de los pueblos"; es decir, de aquellos pueblos que le obedecerán ciegamente hasta que la situación sea insostenible.
Bolivia está viviendo una etapa que será recordada como la era del “proceso de cambio”. Su luz principal será la inclusión efectiva de los pueblos originarios en la esfera social, pero las sombras serán mayores y cada boliviano de esta generación contará cómo se sentía la represión – más psicológica que física – y que fue la constante en más de cinco años de régimen semidemocrático.
La intervención a la marcha del TIPNIS y sobre todo no manifestarse al respecto, le cobrarán, a no dudarlo, una factura que comprometerá a la extinción de este deslucido proceso de cambio.
Ahora queda pedir a la comunidad internacional un SOS en nombre de los marchistas, las mujeres y niños. En nombre de uno de los pulmones naturales de Bolivia y de cada criatura que exige respeto a su hábitat.
El post evismo tendrá que diseñar nuevas políticas que garanticen los derechos ciudadanos y de los pueblos originarios, no sin antes apuntar a aquellos que hoy interpretan la ley y la Carta Magna a gusto y placer del mandaMAS, pese a haber jurado con puño en alto "respetarla y hacerla cumplir" (sino, os lo demanden).
CRIATURAS DEL TIPNIS HOY GRITAN ¡SOS!

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