lunes, 10 de octubre de 2011

Dónde más...

En Bolivia se ha fabricado un semimodelo de Estado, inicial, con cambios de maquillaje y no de esencia, a partir de la explotación de la imagen de un caudillo.
Es más que evidente que cuando el caudillo deba ceder el poder, el modelo impuesto tendrá sus correcciones y se destapará el aparataje millonario detrás de éste. No es casualidad entonces, que se pretenda perpetuar la imagen de este icónico personaje, que más allá de cualquier virtud (reconocida e insoslayable, como su empeño por trabajar 20 horas/día) quede en el imaginario colectivo para las futuras generaciones.
El aparataje mediático, marketero y propagandístico utilizado por el régimen en torno a la figura del mandamás, trae a la memoria los imponentes desfiles de la Alemania nazi (con saludo y bandera alterna propios) o las pancartas del “padre” Stalin en la ex URSS. Sadam Hussein tuvo su estatua de bronce durante los años de su perpetuo régimen hasta que la intervención yankie lo alejó de su silla y derribó su efigie de la capital Bagdad.
Esta forma de manejar la imagen de los caudillos político – militares es una costumbre que data de tiempos remotos. Ya decía Jesús de Nazaret: “Dad al César lo que es del César…”, cuando el concepto monetario se relacionaba directamente a un hombre – líder.
Bolivia tuvo a sus mariscales, tan valerosos como bien merecidos en sus reconocimientos, pero luego llegó el turno de una inmensa lista dentro la pobredumbre era militar. El caso más reconocido en el “culto a la imagen” aparece en la Revolución de 1952, cuando Víctor Paz se presentó como el “salvador del país” y se montó un aparato de propaganda institucionalizado a partir del Estado. Vale mencionar que Paz Estenssoro tuvo la luz de ceder el poder a su segundo al mando, para después retornar con “aires frescos”. Cuando quiso perpetuarse, la Revolución terminó.
Hoy se da otro caso, más patético que histórico, con la distribución de computadoras para los profesores del sector fiscal dentro de la denominada “Revolución tecnológica y cultural”. A algún marketero de algún Ministerio (lamebotas, dirán muchos) se le ocurrió estampar en las computadoras personales (laptops) la efigie del mandamás para que cada profe lo tenga a su lado, en el aula y con los niños.
El razonamiento es simple; si estas máquinas fueron compradas por el partido oficialista, si son recursos del mandamás o su séquito, si cada profesor está de acuerdo con el “proceso de cambio”… vale.
Si son recursos de arcas estatales, si los impuestos de los bolivianos tienen algo que ver con el financiamiento, si son créditos que se pagarán desde el erario nacional, entonces esta es otra afrenta megalómana para la conciencia colectiva.
Hoy parece que la desesperación por levantar la alicaída imagen de aquel caudillo – espejismo,  conminado a ser el “mesías” de este sufrido pueblo, deriva en la treta: “El Estado soy YO”.
Sólo falta que declaren al mandamás como “símbolo nacional”, junto a la tricolor y el himno. Cosa que tal vez ya gira por algunas mentes “maquiavelas” y “espurias”.

1 comentario:

  1. Tienes toda la razón, lo que se trata es hacer de este personaje "Evo Morales" algo que no es, la fachada del hombre luchador por la justicia e igualdad se fue cayendo de a poco, y por otro lado se ha empezado ha hacer mayores esfuerzos para fijarlo en el colectivo por medio de lo que podriamos denominar una campaña publicitaria masiva financiada por todos nosotros, que merito existe en lavarle el cerebro a un colectivo sin ningun criterio, es claro que la mayoria no tiene la culpa de ello, son las condiciones materiales del pais en si los culpables el sistema educativo que se encarga de malformar a los que pueden acceder a la educacion, el que crea sujetos que saben leer pero no entender ni discernir, son las condiciones materiales de pais que nos hacen insensibles a las necesidades de los otros y estemos más preocupados por las nuestras.

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