Después que el Canciller fue a charlar “de indio a indio” (textual) durante la crisis del TIPNIS y salió con la polera arrugada, se confirmó que existe una visión totalmente contrapuesta sobre el “vivir bien” entre oriente y occidente.
El Canciller tuvo que salir del lugar y alcanzar a un ex viceministro que huyó ante el primer grito de las mujeres indígenas, para luego llegar a brazos de otro ex ministro.
Las banderas orientales flamearon con mayor fuerza y legítima representatividad desde entonces, pero el Gobierno ni corto ni perezoso como es habitual, pretende plagiar este símbolo propio de las Tierras Bajas y conquistarla (o desvirtuarla) con la inclusión de motivos andinos.
Soy de este lado del mapa, pero… NO PUES!
Que el Gobierno no arrebate este símbolo y que los indígenas exijan elevar a rango de símbolo “plurinacional” la bandera de Patujú.

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