miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿Vacación austera?


Gastar 1.500 dólares por noche en un hotel exclusivo del circuito turístico en Cusco parece no coincidir con la política de austeridad del régimen.
El viaje del mandatario Evo Morales a Perú, para tomar unas vacaciones en compañía de sus hijos no debería pasar de la crónica social, empero, los gastos no esclarecidos e incluso justificados por los militantes del oficialismo prevén una nueva interrogante que quedará sin respuesta para la sociedad.
Cuando el mandatario y su séquito de militantes asumieron la administración de la cosa pública se enarboló un mensaje de “cambio, transparencia y austeridad”, que hoy ha quedado como otro eslogan de la vieja práctica política. No está de más recordar el dispendioso gasto de casi 40 millones de dólares en el avión presidencial (que por cierto no fue utilizado en este último viaje). Si hacemos comparaciones, cabe mencionar que son Bs 40 millones los recursos destinados para las personas con capacidades especiales y que el Ejecutivo ha negado distribuir en forma de bono anual, es decir siete veces menos del lujito presidencial.
Morales permaneció cinco días en Perú y de éstos al menos tres noches en el majestuoso hotel de Cusco. Con 1.500 dólares por noche (será por persona) tenemos $us 4.500 o $us 13.500 en una salida.
Hoy, los legisladores del Movimiento Al Socialismo pretenden justificar los gastos realizados recordando que en anteriores gobiernos “neoliberales” los dignatarios hacían viajes de placer y de negocios con recursos públicos delegados en las partidas de gastos reservados. Nuevamente pretenden que los bolivianos nos quedemos conformes con el discurso de “antes también lo hacían”.
Con argumentos más bajos y carentes de criterio básico, militantes de base del partido gubernamental afirman que los “envidiosos” no toleran que un presidente indígena tenga ciertos privilegios. Habrá que recordar que el presidente indígena ya tuvo seis años de privilegios que ningún otro presidente o ciudadano de a pie en una suerte de “dolce vita” del socialismo del siglo XXI.
Las vacaciones del mandatario son justificadas como cualquier funcionario público. Que su excelencia comparta tiempo con sus dos hijos en una fecha entrañablemente familiar no debería ser motivo de crítica. Pero, utilizar los recursos de los bolivianos y luego decir que es el gobierno más austero de la historia es una falta de respeto al sentido común de la población.
Si sumamos estos hechos a los anunciados viáticos que el Estado derogará del Presupuesto General en favor de los dirigentes sindicales que tengan actividades internacionales en el marco de la “diplomacia de los pueblos”, entonces estamos frente a un evidente falso discurso de cambio, transparencia y austeridad.
Ojalá las autoridades esclarezcan estos gastos vacacionales para que por lo menos en este caso exista un mínimo de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, más aún si hablamos de los recursos que son producto de los impuestos y las regalías nacionales.

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