sábado, 17 de diciembre de 2011

¿Verdaderos revolucionarios o cuentos de hadas?


No acostumbro dar prensa a políticos en este humilde espacio de difusión de criterios e ideas. Para aquello existen los medios de comunicación (gubernamentales, privados, los independientes y los partidarios).
Sin embargo, llama la atención las palabras reflexivas del segundo mandatario, quien hace alusión a personajes históricos a quienes llamó “verdaderos revolucionarios”.
Decir que el Che, Tupak Katari o Zárate Willka son verdaderos revolucionarios porque nunca vendieron sus almas al poder o a la corrupción que deviene inevitablemente consigo, es hablar de cuentos de hadas.
Sostengo, primero, que figuras célebres van directo a la gloria de la historia y sus actos post mortem no cuentan para evaluar aquella extrema bondad o circunstancial demencia. En todo caso, de hombres a mártires hay una bala de distancia.
El último jacobino (rimbombante alter ego, como su discurso dialéctico) asegura además que Jesús de Nazaret, Cristo, vivió y murió por y para los demás.
Acá concuerdo plenamente, porque inicié ese mismo debate con lucidez plena entre copas de tres días. Pero también quedó abierta la duda sobre la veracidad de “la Palabra”. Las profecías, el Evangelio y los escritos apócrifos no son sino una elaboración cultural que se detiene en el mismo instante de la resurrección y abre el “continuará” hasta nuestros días.  Así, se abre también la incógnita sobre la verdadera personalidad de Jesús, porque de no haber muerto en la cruz, hoy la pregunta tal vez sería ¿en qué momento fue que cambió?
Ante la especulación, una vez más diremos cuentos de hadas.   
“Hoy nos vamos a acordar en Navidad de Cristo, los que son católicos y los que no lo son también nos acordamos de ese hombre porque es un hombre (que vivió) para que los demás vivieran mejor. Por qué nos acordamos de Che, de Katari, de Willka, porque ninguno de ellos luchó para tener castillos, para dar trabajo a sus amigas, a sus familias. Al contrario, de todos ellos sus familias castigadas, perseguidos, asesinados, porque Cristo a su modo, luego Katari, luego Willka, Bartolina Sisa, Che Guevara y muchos otros lucharon para que el beneficio lo tengan otros, ese es un revolucionario”, dijo el segundo mandatario.
A partir de su lista, me permito incluir a Marcelo Quiroga, Carlos Palenque y Elvis Presley.
Sostengo, que en caso de no haber tenido un trágico final, hoy y luego de su llegada, paso y disfrute del poder, fama y fortuna estaríamos hablando de un pequeño burgués, un corrupto caudillo y un obeso pedófilo, en vez del líder socialista, el que dio voz a los sin voz y el “rey”.
Muchas veces, en la historia, el cargo último, el escalón más alto, define la trascendencia de los personajes y sus logros o virtudes pasadas quedan como sombra tenue.
No me malinterpreten, los citados antes merecen pleno reconocimiento por sus obras, así como la duda sana ante humanos deslices. Otra vez, volvemos a los cuentos de hadas.
Finalizo citando al mandamás, que de humilde niño campesino, pasó a dirigente deportivo, líder cocalero, diputado más votado y mandamás del régimen. Cómo se lo recordaría ante una eventual “magni-tragedia”? seguramente como el primer presidente indígena de Bolivia o como la figura de este proceso de cambio; en cambio, si logra una segunda reelección y mantiene la política de la confrontación y de endeudamiento público, será recordado como un dictador que olvidó sus orígenes (de originarios) y cayó en la tiranía con casi un centenar de almas sobre su hombros.
El tiempo dirá si aseveramos otro cuento de hadas.

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