No es casual que el informe del mandatario Evo
Morales, emitido el pasado día 22, haya vuelto a hacer una reminiscencia
de sus logros, utilizando el recurso de comparación del “antes y
después”. Si bien las cifras son favorables para la administración del
régimen, es cierto también que acá existe un engaño objetivo al
presentar los datos a la población.
El informe fue encomendado a último momento para que los despachos del Ejecutivo presenten su tarea y un resumen general que el Ministerio de Comunicación se encargó de sistematizar y entregar al Presidente horas antes del informe de gestión.
Morales Aima sorprendió a todos al decir que iba a hacer un desglose de cifras, lo cual no es su fuerte, su fuerte es contar anécdotas personales y aludir a quien pueda con sarcasmos y disimulos. Más allá de la extensa y al final tediosa forma de exponer la realidad del país y hacer proselitismo, el mandatario dejó en claro que cada año los bolivianos tendremos que escuchar obligados sus comparaciones entre el “antes de Evo y después de Evo”.
Cabe señalar que los datos expuestos caen por cuenta propia en ítems que insultan la inteligencia de los bolivianos.
Por ejemplo, decir que la esperanza de vida mejoró porque “antes” la edad promedio era de 65 años y “ahora” es de 67, es atribuirse un logro divino.
También es cuestionable decir que gracias a la gestión gubernamental la gente confía en la administración de sus recursos y por ello paga sus impuestos, es caer en la propaganda que sus propios ministros y asesores extranjeros le han vendido desde que asumió el poder. Sin duda, la gente paga sus impuestos y se amplió el universo fiscal, pero son factores muy particulares los que confluyen en aquello.
Por decir, una pareja de recién casados que decidieron tener su vivienda propia ahora paga impuestos aparte por el cobijo de mamá o papá; lo mismo sucede con los comerciantes que delegaron un nuevo puesto de venta a sus descendientes y éstos también se registraron en la Renta, por lo que ahora también cumplen con su obligación tributaria. Así, un nuevo profesional que decide vender sus servicios como consultor, también tiene su NIT y paga impuestos, lo cual no hacía “antes” cuando era sólo un estudiante.
No está demás hablar de estos casos tan particulares, pero que significan un incremento en las recaudaciones para el erario nacional. Lo que el Presidente debería haber explicado es qué sectores aún no pagan impuestos y por qué tienen privilegios, por ejemplo los productores de coca.
Decir que las Reservas Internacionales Netas (RIN) “antes” estaban estancadas en poco más de mil millones de dólares y ahora son 14 gracias a su administración y las fórmulas mágicas del despacho de Economía, es otra forma de maquillar la realidad al país.
Convengamos en que desde que se estatizó YPFB las reservas y la economía en general mejoraron, ese es un logro que nadie con dos dedos de frente puede cuestionarle a Morales Aima; pero la curva ascendente, excepto en 2008, implica un promedio de 2 mil millones de rédito para cada gestión que haciendo matemática básica suma en seis años (2006 a 2012), los 12 mil millones de dólares que sumados al ahorro de “antes” resultan los 14 mil millones de dólares de RIN que el régimen tiene como bandera para explicar sus macrocifras.
Con un análisis sencillo y sin entrar en la revisión de los informes año por año y mes por mes, el boliviano debe darse cuenta que si se sigue el camino de comparar el “antes” y el “ahora”, resultará que Bolivia, definitivamente con el régimen de Morales Aima está mejor que en 1825, cuando “la Colonia y la República” comenzaban a gobernar. Habrá que exigir que el próximo año, en su último informe, el Presidente haga una exposición de gestión, de las luces y sombras de un año y no las recurrentes y engañosas comparaciones.
El informe fue encomendado a último momento para que los despachos del Ejecutivo presenten su tarea y un resumen general que el Ministerio de Comunicación se encargó de sistematizar y entregar al Presidente horas antes del informe de gestión.
Morales Aima sorprendió a todos al decir que iba a hacer un desglose de cifras, lo cual no es su fuerte, su fuerte es contar anécdotas personales y aludir a quien pueda con sarcasmos y disimulos. Más allá de la extensa y al final tediosa forma de exponer la realidad del país y hacer proselitismo, el mandatario dejó en claro que cada año los bolivianos tendremos que escuchar obligados sus comparaciones entre el “antes de Evo y después de Evo”.
Cabe señalar que los datos expuestos caen por cuenta propia en ítems que insultan la inteligencia de los bolivianos.
Por ejemplo, decir que la esperanza de vida mejoró porque “antes” la edad promedio era de 65 años y “ahora” es de 67, es atribuirse un logro divino.
También es cuestionable decir que gracias a la gestión gubernamental la gente confía en la administración de sus recursos y por ello paga sus impuestos, es caer en la propaganda que sus propios ministros y asesores extranjeros le han vendido desde que asumió el poder. Sin duda, la gente paga sus impuestos y se amplió el universo fiscal, pero son factores muy particulares los que confluyen en aquello.
Por decir, una pareja de recién casados que decidieron tener su vivienda propia ahora paga impuestos aparte por el cobijo de mamá o papá; lo mismo sucede con los comerciantes que delegaron un nuevo puesto de venta a sus descendientes y éstos también se registraron en la Renta, por lo que ahora también cumplen con su obligación tributaria. Así, un nuevo profesional que decide vender sus servicios como consultor, también tiene su NIT y paga impuestos, lo cual no hacía “antes” cuando era sólo un estudiante.
No está demás hablar de estos casos tan particulares, pero que significan un incremento en las recaudaciones para el erario nacional. Lo que el Presidente debería haber explicado es qué sectores aún no pagan impuestos y por qué tienen privilegios, por ejemplo los productores de coca.
Decir que las Reservas Internacionales Netas (RIN) “antes” estaban estancadas en poco más de mil millones de dólares y ahora son 14 gracias a su administración y las fórmulas mágicas del despacho de Economía, es otra forma de maquillar la realidad al país.
Convengamos en que desde que se estatizó YPFB las reservas y la economía en general mejoraron, ese es un logro que nadie con dos dedos de frente puede cuestionarle a Morales Aima; pero la curva ascendente, excepto en 2008, implica un promedio de 2 mil millones de rédito para cada gestión que haciendo matemática básica suma en seis años (2006 a 2012), los 12 mil millones de dólares que sumados al ahorro de “antes” resultan los 14 mil millones de dólares de RIN que el régimen tiene como bandera para explicar sus macrocifras.
Con un análisis sencillo y sin entrar en la revisión de los informes año por año y mes por mes, el boliviano debe darse cuenta que si se sigue el camino de comparar el “antes” y el “ahora”, resultará que Bolivia, definitivamente con el régimen de Morales Aima está mejor que en 1825, cuando “la Colonia y la República” comenzaban a gobernar. Habrá que exigir que el próximo año, en su último informe, el Presidente haga una exposición de gestión, de las luces y sombras de un año y no las recurrentes y engañosas comparaciones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario